No te necesito

Pocos meses después de terminar mi primera -y larga- relación sentimental, comencé a escuchar a la banda sudafricana Die Antwoord. Su música es bastante agresiva y de un contenido altamente sexual, pero es tan diferente a mí que en realidad me causa mucha gracia escucharlos. Una de sus canciones, que aparece en el album $O$, me llamó especialmente la atención. Se llama “I don’t need you” (“No te necesito”), y habla en duros términos en contra de una ex pareja. Se podría decir que es como un balde de mierda arrojado sobre alguien a través de la música.



Por ser yo quien puso fin a mi relación, no tenía ninguna excusa para utilizar esta bomba sonora en contra de mi ex, por lo que toda esa pasión que generaba en mí cada vez que la oía iba dirigida a alguna malvada mujer imaginaria. No sabía que dentro de algunos meses más aparecería y luego desaparecería una chica que, en algunos momentos, cumpliría en pequeñas dosis con el rol. Pero, pese al sufrimiento que tuve que pasar tras esa fugaz relación, no se sentía bien emplear esta canción en su contra. No se la merecía.

Ahora, cuando la niebla que envolvía mi vida afectiva finalmente comienza a disiparse, vuelvo a escuchar esta canción y no me provoca las mismas emociones que antes. Irónicamente, podría decir que más que rabia, siento cierto alivio al oírla. De una pésima experiencia como fue el haber tenido el corazón roto durante los últimos meses, he extraído una gran lección vital. “I don’t need you” se ha convertido en la clave para comprender esta lección.

Mi mayor tristeza no vino del hecho de que aquella mujer de la que me enamoré se haya apartado de mi lado o de que, luego de eso, tomara la decisión de terminar con la opción de tener un presente o un futuro juntos. El dolor más grande fue perder su amor; ese amor que en ese tiempo y por los largos meses que siguieron creí necesitar. Entonces, algo cambió. Aquel sufrimiento repentinamente se detuvo y el título de la canción se tradujo en mi mente como una señal inequívoca del Destino: no la necesito.

Enamorarme fue algo nuevo para mí. En el pasado fui muy racional para enfrentar mis emociones y me cerré a sentir algo más profundo. Mi vida se sentía vacía dentro de una relación y luego, fuera de ésta. Al aparecer esta nueva mujer en mi vida, creí encontrar lo que me faltaba, lo que necesitaba. Pero “necesitar” a alguien para sentirse completo no es correcto. Una persona es un todo en sí misma, y lo que sea que le falte para llenar los vacíos de su existencia es su responsabilidad y no la de alguien que llegue a mágicamente solucionar sus problemas.

Meses y meses, algunos días más y otros menos, una desagradable sensación me molestaba. Sabiendo lo que sé ahora me siento un poco estúpido. Todo ese tiempo y energía dedicados a sufrir se ven, en este momento, como algo innecesario. Sin embargo, ésto quedó en el pasado. Pagué por adelantado un karma que no debería volver a repetir, y me siento afortunado de poder mirar hacia atrás y estar seguro de que lo peor ya ocurrió.

Sea quién sea la que venga ahora en mi vida, no será alguien que deba hacerse cargo de mí. Soy un hombre simple y complejo a la vez. Superficial y profundo, simpático y serio. Soy un hombre único. Y sí, soy imperfecto, y mucho. Pero tú, querida futura mujer amada, tú debes saber algo: no te necesito. Tú estarás junto a mí porque así lo quieres y porque yo también quiero que así sea. Estarás en mi vida porque quiero a alguien a mi lado para compartirla y disfrutarla aún más de lo que ya la disfruto solo. Reiremos, hablaremos por horas y haremos el amor cientos, miles de veces. Gozaremos de nuestras respectivas vidas y de el tiempo que pasaremos juntos. Seremos tan felices que lloraremos sólo porque la risa no nos bastará para expresar lo que sentimos, pero serán lágrimas alegres que yo secaré con besos en tu cara… Sí, es verdad, no te necesito, pero deseo con todo mi ser el comenzar a vivir el resto de mis días junto a ti. No te necesito, pero quizás aún sin conocerte, creo que ya te amo.

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