Soltería 101 – Capítulo 15 – Corriendo por la vida

Siempre fui un holgazán cuando se trató de hacer deporte. Mi cuerpo de 1,75 mts de estatura y 63 kilos de peso no conocía de ejercicio ni actividad física; siempre fui flaco y ya había aceptado mi condición. Eso hasta que me aburrí de perder el aliento al subir 3 pisos por las escaleras o correr tras el bus por media cuadra. Compré un buen par de zapatillas y salí a correr. Me lesioné por no estar preparado, pero no me detuve ahí. Algunos meses después me inscribí en un gimnasio, motivado por mi ex. No he parado de ir en más de un año y medio, incluso luego de terminar con ella.

Entusiasmado con mi nuevo estado físico y mi excelente resistencia, decidí llevar mi práctica deportiva más allá del gimnasio. Comencé a correr con mi hermano una vez a la semana, e incluso participé en una corrida de 10 kilómetros por Santiago. Todo esto hasta que mis rodillas no resistieron y tuve que parar por un tiempo. Y, luego de ese tiempo, no eran precisamente las rodillas lo que se me agotó. Apareció la vikinga y drenó todas mis energías con su pasión escandinava.

De vuelta en Santiago, tras esa mágica semana en Buenos Aires, estaba destrozado. Mi corazón no bombeaba sangre, sino lágrimas. Apenas podía comer o dormir, sólo podía pensar en mi bella amante nórdica. Entonces llegó mi salvación: correr. Aquella actividad que había dejado relegada a simplemente un recuerdo fue y sigue siendo uno de mis mayores soportes. Pero no es el deporte en sí mismo, es el nuevo enfoque que tomó para mí lo que me ayuda.

J, la chica que propició la serie de eventos que desencadenaron en mi fulminante relación con la vikinga, me llevó también a descubrir el Hash y así, mi nueva vida. Porque el Hash no es sólo un grupo de gringos y unos pocos chilenos que se juntan Sábado por medio correr por algún lugar de Santiago o sus alrededores. No, es mucho más que eso. Según su propio lema “it’s a drinking club with a running problem” (es un club para beber con un problema de correr). Porque el deporte es sólo una excusa para luego beber sin culpas y pasar un buen rato con los integrantes del grupo, alrededor de una buena parrilla y mucha cerveza.

Ya van 6 veces que he asistido a esta maravillosa actividad. Luego de la quinta vez fui bautizado con un nombre de connotación sexual, que es lo que se estila en este grupo. Dejé de ser Eduardo y me convertí en Veni V.D. Vici (una modificación de un dicho en latín y que, en inglés, da a entender que tengo una enfermedad venérea -V.D.-). Desde ese momento pasé a formar parte del Hash y les puedo decir que es simplemente genial.

Hace un tiempo, creo que antes de empezar a correr, leí un artículo sobre cómo este deporte se convirtió en una moda que llegó a Chile hace unos años. Ahí señalaban que la mayoría de los nuevos corredores eran hombres de mediana edad, que más que por su estado físico, salían cada tarde o mañana a correr para huir de sus problemas. ¿De qué estoy huyendo yo? De muchos fantasmas, creo. Sin embargo, tengo fe. Corriendo por la vida he logrado escapar de ellos. Estoy seguro que cuando me detenga ya se habrán cansado de perseguirme.

Algunas de mis imágenes en el Hash (soy el flaco de camiseta Adidas gris):

Bautizo: de Eduardo a Veni V.D. Vici



Hash #134: Don’t Mess with Texas hash



Más info en http://santiagohashhouseharriers.blogspot.com/

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