Melancolía.

Puedes viajar miles de kilómetros o conocer decenas de personas nuevas, pero el dolor siempre te alcanza en algún momento. Lidiar con esta sensación desagradable es muy difícil, pero más difícil es dejar ir a la persona o la pérdida que te causan esta pena. Porque aunque tratemos de llenar este vacío, el hoyo es muy grande. El corazón es ciego, pero tiene ojos que trascienden la visión normal y que pueden detectar el engaño. No sirve tratar de reemplazar lo perdido ya que en ese espacio sólo habrá cabida para lo que ya no está.

No puedo huir de mí mismo ni mi sufrimiento, así que decido vivirlo y sentirlo de verdad. Ser fuerte no significa no sufrir, sino que es encarar el dolor y hacerlo tuyo hasta que la herida no sangre y se convierta en una cicatriz tan dura que nunca volverá a dañarse, no de la misma forma. La vida es una batalla, una guerra hermosa en la que perdemos y somos heridos, pero que al final de la lucha nos da un gran triunfo: la felicidad.

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