Soltería 101 – Capítulo 18 – 22 de Diciembre

Durante años esta fecha ha sido muy importante para mí. Un día como hoy, hace 31 años, nació ella, mi ex. Desde 2004 que la cercanía de la Navidad significaba más que sólo eso. Diciembre tenía un sentido mucho más profundo: el cumpleaños de mi ex más sus correspondientes regalos para el 22 y el 25, el Año Nuevo y, al mismo tiempo, la celebración de nuestro aniversario el 1 de Enero. Sí, este mes era muy especial.

Pero todo en la vida cambia, incluso las cosas más importantes. En mi caso, el cambio lo generé yo aquel 19 de Septiembre, hace ya 1 año y 3 meses, cuándo le puse fin a nuestra relación. Pero, pese a ese término, me pareció correcto escribirle para su cumpleaños en 2012. Hacía no mucho tiempo que habíamos cortado la poca comunicación que tuvimos y, por lo mismo, sentí que lo más indicado para esta fecha era hacer lo que ya había hecho durante los años anteriores. Saludarla no tenía nada de malo. De hecho, más que una obligación, lo sentí como algo natural.

Ya ha transcurrido un año de eso y ahora de natural no tiene nada. En Junio, en una fiesta, por fin tuve la oportunidad de hablar con la novia de uno de mis mejores amigos, quien es, a su vez, su mejor amiga. Pese a que ya la había visto varias veces desde que terminamos, cada vez que le preguntaba por mi ex, ella se negaba a darme cualquier tipo de información. Esta vez, quizás con la ayuda del alcohol o de mi insistencia, su amiga soltó algo. “Ella lo ha pasado muy mal, ha sufrido mucho, pero ya por fin ha salido adelante. Eso sí, no se te ocurra volver a buscarla. Déjala tranquila.” Es todo lo que necesitaba saber. O eso pensaba.

En verdad no le dí muchas más vueltas al asunto. Un par de días después comenzó mi romance escandinavo y, bueno, toda la debacle que ha significado para mi vida. Sin embargo, ahora que las aguas se han calmado y las cosas por fin están más tranquilas, he vuelto a pensar en ella, en su día.

Terminar mi relación de casi 9 años ha sido una de las peores experiencias que he vivido. Hacerle daño a la persona más importante de mi mundo en ese momento fue un hecho que durante meses me hizo sentir una mierda humana. La culpa era insoportable. Cada vez que pensaba en ella, incluso el recuerdo más insignificante, me hacía recordar aquellas 3 horas de llanto y sufrimiento en la cama que, hasta ese día, compartíamos. Casi como una especie de instinto de supervivencia, mi mente la bloqueó. Y aún así, pese a ese bloqueo, su persona siguió causando un gran miedo en mi cabeza. Tenía terror a encontrármela en la calle o dónde fuera. Sólo imaginarme esa incómoda situación me ponía la piel de gallina.

Pero el tiempo ha pasado rápido y mi vida ha cambiado radicalmente. Reconstruí cada aspecto de ésta desde las ruinas de mi existencia anterior. Me hice de nuevos amigos y fortalecí mis círculos sociales y familiares. Reafirmé la confianza en mí mismo y mi autoestima al superar obstáculos de todo tipo, incluyendo una reciente vivencia cercana a la muerte. Coqueteé, seduje, amé y me rompieron el corazón; osea, toda la gama que podría experimentar en el terreno sentimental. Quedé en la bancarrota, gané dinero y volví a quedar quebrado; una montaña rusa financiera. En fin, un giro en 180 grados con respecto a lo que tenía antes, y todo esto en 15 meses.

“No se te ocurra volver a buscarla. Déjala tranquila.” Las palabras de la mejor amiga de mi ex resuenan en mi cabeza. Había pensado en escribirle para felicitarla por cumplir 31 el día de hoy, pero ¿qué significaría eso para ella? ¿Le haría bien? Es muy posible que mi saludo le provoque más emociones negativas que positivas. Y, aunque me cause mucha curiosidad saber cómo está y qué ha sido de ella durante todo este tiempo que llevamos separados, prefiero tomar la advertencia que me hizo su amiga. No quiero entrometerme en su “Soltería 101.”

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