Relaciones Honestas

Todos vivimos en una sociedad y estamos constantemente rodeados de gente, con quienes establecemos distintos tipos de relaciones. Vecinos, compañeros de trabajo o estudio, amigos y pareja. Estas relaciones cotidianas definen nuestro día a día y nuestro pasar por el mundo, por lo que son muy importantes.

Las relaciones son organismos vivos que se alimentan de las personas que la componen. Si son mal alimentadas pueden decaer y enfermarse, contagiándonos de paso. Aquí surgen las llamadas “relaciones tóxicas”; vínculos negativos que muchas veces no tienen solución y están condenados a morir, pero que por distintas motivaciones dejamos agonizar por largo tiempo, desgastándonos y sufriendo en el proceso.

Una de las relaciones tóxicas más típica es la de pareja. Es muy fácil dejarse arrastrar a una situación perjudicial para nosotros en este contexto, ya que es innegable que el amor (o algo similar, en ciertos casos) nos ciega. Mezclar los sentimientos y generar imágenes distorsionadas de la otra persona en nuestra mente crea la combinación perfecta para el desastre. Todo es “mágico” al principio, pero al avanzar el tiempo salen a relucir los problemas. Lo lógico sería en este caso tratar de solucionar los conflictos o simplemente cortar el vínculo, pero esta decisión se prolonga con la esperanza de que el otro cambie y todo vuelva a ser tan bueno como al principio; todo esto reforzado por el miedo a la soledad y grandes dosis de baja autoestima.

Otro caso muy frecuente es el de las amistades tóxicas. De características muy similares a la anterior, estas relaciones se caracterizan por una evasión constante de la realidad. Frases del tipo “hemos sido amigos toda la vida” nublan nuestra visión. Porque tener ciertos momentos agradables puede borrar de una vez muchos más eventos o situaciones desagradables. Dicen que los amigos son la familia que elegimos, y a la familia se la respeta y quiere sin importar nada, ¿no?

Si consideramos que una relación tóxica, más que sólo una mala anécdota, es una especie de tumor que nos roba energía y empeora nuestra calidad de vida; no deberíamos tener problemas en extirparla de nuestra existencia. Es ahí cuando la honestidad juega un rol fundamental. Debemos perder el miedo a la verdad y dejar de lado la afición de ocultar todo tras un velo de autoengaño. La gente no cambia y nuestra vida mejora mucho sacando de nuestro camino esas relaciones que no nos benefician. Porque, aunque suene un poco a cliché, es mejor estar solo que mal acompañado.

Publicado originalmente en Publimetro Chile.

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