Madre querida

Hoy es tu cumpleaños. ¿59 años, no? La verdad -y esto no te lo digo porque seas mi mamá-, no los representas. Las canas aún esquivan tu cabellera oscura y las arrugas se han mantenido a raya en tu rostro moreno. ¡Y para qué hablar de tu energía! Ni corriendo 3 días a la semana en el gimnasio puedo acercarme a cubrir la distancia que recorres día a día caminando. ¡Pareces una chica de 15!

Sé que he fallado muchas veces en decirte que te quiero. Tú sabes, soy un tipo complicado y mi cabeza generalmente anda perdida en dimensiones lejanas. Pero sí, te quiero. Mucho. Si no fuera por ti, no estaría aquí. Estas palabras no habrían sido escritas. Este flaco sensual -sí, yo- no andaría suelto por el mundo. ¡Mejor ni imaginarlo!

Pero no sólo me diste la vida. Para mí eres mucho más que una fábrica de bebés -aunque con 4 hijos a cuestas, da para pensar. Para mí eres mi primera y más importante mentora. Me ahorraste bastante tiempo de aprendizaje de todo tipo de lecciones de vida. Aunque, claro, fallé un montón de veces en oírte. Y ahí volví corriendo a tu regazo, con los dedos quemados, las rodillas sangrando o el corazón roto. Y ahí también estuviste para secar mis lágrimas, lavar mis heridas y ayudarme a ponerme de pie. Y eso último lo hiciste literalmente.

No creo que te he agradecido lo suficiente por todo lo que hiciste cuando estuve en mis peores momentos el año pasado. ¿Te dije que cuando luchabas por empujar mi silla de ruedas para llevarme a la plaza sentía un gran dolor en mi corazón? Sentía que volvía 30 años atrás a ser el bebé que en algún momento tuviste que enseñar a caminar. Pero tu fuerza y tu apoyo me hicieron también muy feliz. “Esto es un milagro” dijo mi doctor al ver lo rápido que me recuperé. Pero gran parte de ese milagro te lo debo a ti. ¡Muchas gracias!

Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. No sé si aún califico para ser considerado un gran hombre, pero sí estoy seguro de que la gran mujer ya la tengo. Esa mujer eres tú.

Te amo, mamá.

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PD: ah, por poco olvidaba agradecerte por -inconscientemente, quizás- entrenarme como un latinlover. Tus clases de twist y rock and roll fueron el primer acercamiento a mi sensual movimiento de caderas. Y para qué hablar de las clases magistrales de carácter que me diste. Si no fuera por éstas, aún tartamudearía y me pondría rojo como tomate al tratar de hablarle a una mujer. Por eso y todo lo demás, ¡eres una grande, Chica Lorna!

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