Reflexiones treintañeras

Hoy está de cumpleaños uno de mis mejores amigos. Él, un ex compañero de colegio, nació sólo 3 días antes que yo, y la llegada de su cumpleaños siempre me recuerda que el mío está demasiado cerca. Lo suficientemente cerca para darme la excusa perfecta para pensar en la edad que se me escapa y analizarla antes de que un nuevo año se sume a los que ya he vivido.

Sin duda alguna, mi año número treinta ha sido el más importante hasta el momento. El año anterior marcaba el fin de los 20’s y fue un punto decisivo para dar el salto definitivo a la adultez. Antes de eso, varios aspectos de mi vida parecían ser los de un hombre maduro, pero lo trascendental no estaba desarrollado. Mi poder de tomar control sobre mi vida lo había cedido en gran parte a quién, en esos tiempos, había sido mi pareja por más de 8 años. Finalmente, tuve el valor de recuperar este control y terminar esa relación. Pero este poder venía con responsabilidades que no tenía idea de cómo asumir, lo que me metió en varios problemas.

Comenzando mi tercera década, mi vida era un desastre. Aún así, tuve la fortaleza para salir adelante y superar la mayoría de mis problemas. Pero claro, había uno que nunca había enfrentado correctamente. El amor se mostró ante mí como un ángel que vino a iluminar mi existencia y un demonio que se encargó de hacerla miserable. Entre medio, experimenté la plenitud de mi vida sexual y un descontrol emocional que me hizo hacer sufrir a más de alguna chica. A lo anterior se le sumó una gran confusión existencial y espiritual que me impulsó a buscar una respuesta en un viaje místico al desierto. Y encontré una respuesta, pero el precio a pagar fue demasiado alto. Estuve cerca de morir y aún sufro por el pie que me fracturé en San Pedro de Atacama.

Y aquí estoy. En un poco más de 48 horas voy a ser oficialmente más viejo, agregando definitivamente mi año número 30 al cofre en el que atesoro mi existencia. De todos mis años pasados, éste va a tener un lugar destacado. Mi vida cambió a un ritmo vertiginoso, al igual que la vida de varias personas cuyos caminos se cruzaron con el mío. Agradezco haber vivido todo el tiempo que he tenido hasta ahora, y ruego a Dios que me dé más tiempo aún para seguir mi camino hacia adelante, ya que si es tan interesante como lo que he vivido hasta este momento, tengo un futuro brillante.

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