Identidad

Tuve un cambio tan repentino luego de terminar mi relación de casi 9 años que mi personalidad se disoció. Dejé de ser el nerd angustiado que se escondía tras las faldas de su novia y pasé a convertirme en un pseudo galán independiente con fiestas 5 días a la semana, todo en cuestión de un par de meses. Ahora, tras un año de ese cambio, sigo sin encontrar el equilibrio. Me debato constantemente entre ambos polos. Porque el viejo Eduardo sigue ahí, escondido, y aparece en mis peores momentos. Por ejemplo ahora, en que estoy atravesando una pequeña crisis financiera y un gran desastre sentimental. Ahí sale de la oscuridad y trata de arrastrarme a los viejos momentos de ansiedad de antaño. Pero el Eduardo ganador, cerveza en mano, lo combate. No hay tiempo para deprimirse, sólo para festejar.

Como todo en la vida, encontrar el balance es fundamental. Dudo que yo sea uno u otro extremo de mi personalidad, creo que más bien soy en parte los dos y en gran medida ninguno, porque el verdadero Eduardo yace en el medio. Es mi misión encontrarme en ese centro, descartar lo que no me gusta de ambas formas de ser y potenciar lo que me gusta de éstas. Se ve una tarea complicada, pero si no me encuentro a mí mismo, ¿la vida de quién viviré? No la mía, eso está claro.

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