Soltería 101 – Capítulo 1 – Lesión

Es difícil ser soltero, mucho más si estás muy fuera de práctica. En los 9 años que he estado fuera de las pistas las cosas han cambiado bastante. Por lo mismo y a modo de terapia personal escribiré esta columna. Existe una pequeña posibilidad de que ayude a alguien más o, al menos, eso espero.

Antes del fin, había entrado en una crisis vital. Mi relación ya venía mal, pero hubo un momento en que todo lo demás colapsó. Estaba angustiado, deprimido, en tratamiento psicológico y tomando ansiolíticos. En resumen, estaba cagado. No digo que terminar me curó, pero una vez que pasé la pena, me vi delante de un gigantesco espacio vacío que debía llenar de alguna forma. Era mi decisión enfrentar este desafío con optimismo o pesimismo, así que tomé la primera opción.

Pasaron algunas semanas para tener el valor de aventurarme a salir. Primero con amigos y luego, en un arranque de locura, completamente solo. Creo que ese momento me marcó, tanto así que entré en una especie de euforia. Verán, cuando uno se sumerge de lleno en una relación de pareja, se pierde un poco. Decides modificar tu forma de ser para que todo funcione bien, para lograr un equilibrio con tu compañero. Pero creo que después de tanto tiempo, ya no sólo modificas tu conducta, sino que pasas a adoptar esa nueva personalidad. Y claro, terminas y esa persona que eres ahora ya no tiene sentido, porque ese tú sólo funciona si ese otro sigue a tu lado. “¿Quién mierda soy?” te preguntarás entonces.

No creo que festejando me descubrí a mí mismo, pero sí empecé a conocer partes de mí que me eran desconocidas. De ahí vino la euforia, una gran excitación por conocer todas las posibilidades de esta nueva vida, este nuevo yo. Pero claro, me pasó lo mismo que cuando comencé a hacer running un tiempo atrás.

Octubre 2011, 8 AM. A unas 6 cuadras de mi departamento, con zapatillas de running nuevas, shorts y actitud desafiante, comencé a correr. Lo seguí haciendo por un par de meses, hasta que el dolor de rodillas fue tanto que apenas podía caminar. Era de esperarse: hasta ese momento yo había vivido 28 años de vida absolutamente sedentaria y mi mayor deporte era pararme de mi escritorio para ir al baño o comer algo. ¿Qué pasó al final? Me lesioné.

Volviendo al presente, a casi 5 meses de haber puesto fin a mi relación, me volví a lesionar, pero en mi vida. Verán, esta euforia que sentí me llevó a tratar de hacer todo, rápido. Viajé dos veces, salí de fiesta innumerables ocasiones, conocí mucha gente y gasté demasiado dinero. Viví como si no hubiera mañana, y ahora estoy sufriendo la resaca de ese comportamiento.

Estoy en mi peor momento. Sin trabajo, sin dinero y aún perdido en la pregunta inicial: “¿Quién mierda soy?”. Pero como cualquier otra lesión, ésta debería curarse. Sólo necesita tiempo. Mucho tiempo, para mi gusto.